Desde que tengo uso de razón, he visto como mi círculo familiar ha ido emprendiendo diversos negocios, algunos exitosos, otros fracasos, otros ni pinchan ni cortan…. Vamos que todo apuntaba a que iba a terminar decantándome por la locura de emprender– ¡y mi abuela quería que fuese funcionario!-. Y así fue, con apenas 24 añitos y recién salido de mi licenciatura en Administración y Dirección de Empresa, me lancé a montar mi primer “negocio” al mismo tiempo que hacia mi Máster en Banca y Finanzas. Una tienda de decoración en plena crisis inmobiliaria en Las Palmas de Gran Canaria, en un buen barrio pero en una calle de poco tránsito comercial. ¿Saben cuál fue el resultado? Un rotundo fracaso, ahorros liquidados y vuelta a empezar, empatando curros de becario y otros contratos menos precarios. Así comenzó mi periplo laboral, combinando varios sectores – automoción, consultoria y distribución alimentaria-.
Pero tenía un grave problema. Tener mi propio negocio me atraía como la luz a las polillas, así que mientras trabajaba e intentaba recuperar mi colchón financiero, me dediqué a asesorar a varias empresas y emprendedores. Muy pocos proyectos tuvieron éxito, algunos sobreviven a duras penas – deberían considerarse casos de éxito, ya que tal y como están los mercados, sobrevivir es un triunfo- y la gran mayoría sufrieron estrepitosos fracasos.
Conseguí recuperarme financieramente y como Ícaro cogí mis nuevas alas y me lancé a volar al sol. Convertí un hobby en un negocio – la producción y venta de cerveza-, abandoné un buen trabajo – mando intermedio con opciones de ascenso en una de las principales empresas de Canarias- y me metí de lleno a invertir, estudiar, planificar, producir, vender, crear marca, etc. ¿Adivinan el resultado? Pues sí, fracaso total y absoluto y de nuevo arruinado, pero esta vez con casi 33 años, casado y con los planes de futuro truncados.
Esta caída fue más estrepitosa, busqué consuelo en la lectura, comprobando si doy el perfil del emprendedor. Pero me obsesionaba el fracaso y sus determinantes.Así que manos a la obra. Rastree en la literatura buscando casos de fracaso. ¿Saben una cosa? Descubrí que el 99,99% de las publicaciones solo hablan de casos de éxito y herramientas de gestión. Aquí viene la primera píldora formativa lo positivo vende y a la vez la gran decepción. Si solamente el 5% de las empresas sobreviven más allá de los 5 años desde su creación, cómo es posible que muy poca gente se dedique a estudiar el fracaso.
Estaría muy bien que alguien nos enseñara la realidad del mundo del emprendimiento, más allá del argumentario del gobierno y las asociaciones empresariales que buscan disminuir la gigantesca tasa de paro. Estaría muy bien que alguna publicación nos hiciera pensar si realmente tenemos madera de emprendedor, sin test ni artículos edulcorados. Y así, tras unos meses de reflexión, surgió este blog y la página de Facebook homóloga (@dailosreyes.oficial)
No te dejes embaucar con cantos de sirena, no todo el mundo vale para emprender, el verdadero emprendedor nace, pero con mucho esfuerzo podemos llegar a ser pseudoemprendedores. El éxito y el fracaso no vienen determinados por las ideas, la financiación, la formación, los contactos….Viene determinado por si cumplimos con lo que denomino Gen Emprendedor. ¿Qué es este gen? Tampoco lo tengo muy claro, por eso quiero que me ayudes a describirlo y ver qué consecuencias trae aparejadas.
Otra cuestión primordial, el éxito es esquivo y detrás de él se esconden multitud de fracasos, esfuerzos y guerras perdidas; y para colmo, repetir sus pasos no garantiza el éxito, es más, lo probable es que fracases estrepitosamente.
¡Guau! Vaya credenciales muestro, te preguntarás como puedo pretender venderte algo si te digo desde ya que vas a fracasar. Te soy sincero, no quiero venderte nada, quiero ayudarte, quiero investigar sobre el fracaso y compartir mis experiencias.
Si crees que exagero y que emprender es fácil. Si crees que tu idea es cojonuda y vas a triunfar sin importar el resto de variables. Si crees que tu planificación financiera es perfecta y que no tendrás dificultades. Podemos seguir añadiendo frases, pero no tiene sentido. Si crees en eso, creo que estás perdido. Reflexiona y mira a tu alrededor, mira más allá de los coches caros, casas de lujo y demás parafernalia, porque si ese es tu faro, no vas a encontrar el camino al puerto. Si después de este ejercicio, sigues pensado igual, pues nada, abandona este blog, pero deja anotada la dirección por algún lado, porque tarde o temprano volverás.
No quiero aburrirte este primer día, solo quiero decirte que a partir de hoy, nosotros vamos a buscar el Gen Emprendedor, vamos a estudiar el fracaso, vamos a intentar burlarlo para que nuestro proyecto tenga éxito. No te puedo garantizar que seamos triunfadores, pero si te puedo confirmar que haré todo lo que esté en mi mano para detectar los factores de riesgo y solucionarlos.
En los próximos artículos tendrás píldoras sobre factores de fracaso, tanto desde el punto de vista personal como profesional. Analizaremos cuestiones básicas de finanzas personales y descubriremos si tenemos Gen Emprendedor. Todo esto lo aderezaremos con algunas herramientas curiosas de gestión y con actualidad de política económica. No te autoengañes, si quieres ser emprendedor, a partir de ahora tendrás que estar informado de lo que pasa a tu alrededor, y la política tiene mucho que decir.
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¡Se feliz!
Dailos Reyes